La Busqueda (6)

Capítulo 28

La tercera cajita se cayo por el pegaso de Luis Manuel, pero era diferente. La cajita era de color negra, una negra brillante. También eran negras las cartas. Las letras no estaban escritas en blancos, no. Ni en azul ni rojo. No vieron ninguna letra, ni siquiera Luis Manuel.

Además, ya todo se puso oscuro. Llego una brisa, pero no refrescante como la que metió a la ventana de la casa de Elizabeth, pero una brisa de frio como la del cerrito a las afueras de La Maya. La verdad es que les dio miedo y Luis Manuel se deslizo a su mano sucia dentro de la de Amanda.

Y llovió.

Llovió con fuerza. Gotas grandes se bajaron de los nubes gigantes y enojados, y atacaron al piso, que reacciono por tirar arriba un vapor caliente. La lluvia se mojó a las aventuristas y empezó a mojar a los papelitos negros.

¿Como vamos a ver la pista?

¿Como vamos a encontrar el tesoro?

Capítulo 29

De nuevo Amanda pensó que la búsqueda iba a terminar y que tendría que rendir. Todo era tan difícil y confuso y estaba agotada, y hasta con su hermano y amiga no pudo superar este desafío.

De repente, la lluvia se paró.

De hecho, no paro, solo paro de mojar a ellos. Siguió bajando con fuerza.

La tres se miro por encima y vieron que estaban protegidos por una paragua grande y negra. Sosteniendo el paragua era una figura delgada con cabello rizado y quien quedo escondido por la oscuridad de las nubes.

Entonces, la figura hablo:

“Amanda, I will always be your friend!”

“Kerena!!!!”

Y de nuevo Amanda abrazo a ‘una amiga’.

Capítulo 30

El corazón de Amanda estaba llenando con alegría. Elizabeth, Luis Manuel y Kerena. Juntos.

Al mismo tiempo, aun no había encontrado el tesoro y los papelitos negros de la pista de B se quedaron sin interpretar. Sin decir nada, Kerena tomo la flecha negra desde la mano de Amanda y la paso por encima de los papelitos. Se revelaron nueve letras.

N C A A L S B W K

Pareció un SMS de Luis Manuel.

Con otro toque de la flecha negra, Kerena hizo que los papelitos volaren y aterrizaron en las manos abiertas de Amanda.

BLACK SWAN

Amanda miro a los ojos de Kerena. Ojos morenos, amables y familiares. Los papelitos no fueron las únicas cosas que se le hizo a volar durante las ultimas horas. En este momento, se quedo una sola cosa que hacer.

Capítulo 31

El paragua se pegó el piso y las tres amiguitas bailaban por la lluvia cantando en voz alta y con pura alegría:

“Do your thang, do your thang with me now.”

Se pusieron locas y se mojaron hasta el hueso cantando:

“What’s my thang, what’s my thang, tell me now.”

Luis Manuel no sabía si debe escapar o bailar, pero por lo menos se bañó.

Los turistas estaban tan captivados que salieron del café, a pesar de la lluvia, con sus cameras puestos, y las amigas les gritaron:

“Film it now, film it now, do you hear me?”

La canción dejo a los cuatro cansados, mojados y muy felices, y con una gran pregunta:

¿Que se dice la letra A?

Capítulo 32

Lo que no se dieron cuenta es que los turistas no eran las únicas personas viendo el baile por la lluvia. Pasando por La Alameda fue alguien más, que tomo mucho interés en la actuación.

Paparazzi.

Si, pues, había llegado El Chacal por La Alameda también. Después de su actuación al Carnaval le antojo un cafecito y un helado. Se acerco a Amanda para ofrecerla la oportunidad de cantar un dueto en su próximo álbum, pero antes de que pudo hacer la pregunta, el paparazzi interrumpió.

“Chacal, ¡Chacal!” gritaron en su manera mandona, con sus cameras listas.

“¡Chacal, quítate de la foto!”

Y Amanda les dio su mejor sonrisa.

Capítulo 33

Despues de salió el sol de nuevo, El Chacal le dirigió también a la última pista, y muy, muy cerca del tesoro.

Se les mando a una cabaña. Una cabaña linda, con una soga roja como las de los discos elegantes en Europa. El Chacal bajo la soga para que se pasaron ellos, y nadie más.

“Adiós muchachos,” les dijo, “…y Barbie, la oferta se queda.”

Con eso se fue.

Lo que vieron por dentro hubiera sido imposible de creer, si no lo habían visto con sus propios ojos. Algo increíble, asombrosa.

Pero lo más impresionante se quedó detrás del tesoro. Algo aun mas importante. Había una señal colgada por el techo, hecho de cuatro letras. No cuatro letras mescladas para arreglar. Cuatro letras sencillas.

AMOR

Debajo de la señal se pararon los papas de Amanda.

“Mi hija, lo lograste, este es su tesoro.”

Capítulo 34

El tesoro lleno la cabaña.

Chocolate.

¡Un montón de chocolate!

Barras de chocolate, chocolate dentro de caramelos, un gran pastel de chocolate, una fuente de chocolate que solo había visto en las películas y que creía que no era real, licuados de sabor chocolate…

Chocolate, chocolate, chocolate…

¡Si, esta búsqueda valió la pena!

Rodeada por la gente que ama, después de una aventura tan emocionante, difícil, confuso, había solo una cosa más que hacer:

Decidir cual chocolate iba a comer primero.

Saco una fresa y la metió a la fuente de chocolate.

Que rica…

“Mmmm, me pregunta,” dijo a los demás, “…si se puede meter a una mora en la fuente de chocolate,” y Elizabeth se puso a correr.

Se burlaron, se rieron, lloraban con placer y reflejaron en esta noche de locura que empezó en las calles de La Maya.

Mientras empezar el banquete, Amanda miro algo de la esquina de su ojo. Detrás de una gorra y lentes grandes, alguien se escondió. Amanda no sabía quién fue, pero cuando sonrió, vio un espacio, muy pequeño, entre los dientes del frente. Hecho un vistazo a todo el chocolate, y dijo a Amanda,

“¡Que nadie te lo quita!”

El fin

Image: DaYsO

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